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Eva ¿Quién soy?

EVA - Emoción Vínculo Animal

Hace años que comencé este blog animada por mis seres queridos, personas que caminaron y caminan a mi lado.
Ha pasado mucho tiempo desde que escribí ese: “¿Quién soy?
Pero, ¿quién soy ahora?.

Sé que ser es dinámico pero tener un punto de partida para que el espacio-tiempo que necesitamos para comprender esta realidad y para vivirla se hace necesario, o al menos, eso decido.

Pensé en mi propio proceso, en esos puntos congelados en mi sistema que hacen que, una y otra vez, aparezcan los desgastes, las recaídas y la sensación de tener que hacer modificaciones en distintos planos en las que uno no sabe por dónde empezar. Así que me dije, voy a escribir un texto enlazando aquellos conceptos que me ayuden a entenderme para ponerlos al servicio de aquellos (animales principalmente en la práctica y humanos en el espejo de consciencia) que atraviesen por esas congelaciones informativas que llevan una y otra vez a la pérdida energética (hablo de metabolismo pero la analogía puede aplicarse a cualquier dimensión) y a no conseguir apagar el ruido que no deja escuchar al Ser indicándonos el camino.

Cuando (después de mucho tiempo aparcadas en una carpeta de tantas con el nombre “mitocondrias”) las moléculas de señalización redox retornan a mí hace casi dos años ya en marzo de 2024, mi vida da un nuevo giro que me permite, optimizando mi flujo de electrones, ir eliminando ruido de mis sistema y hacerme consciente, al menos, de qué caminos no debo seguir (algunas veces repitiendo una y otra vez los senderos equivocados).

Escribo, desde mi pensamiento arborescente (¿o debo decir mi sentipensamiento?) tratando de integrar en un todo -aunque me deje muchas partes- aquello que observo para decidir qué vía seguir en diagnóstico o terapéutica a nivel integrativo.

Desde hace unos años, a través de la búsqueda de mi propia salud y de cómo desactivar las rutas en mi sistema que operan “en círculo vicioso”, la biología redox y la señalización celular son para mí como un lenguaje para la traducción de todos los idiomas clínicos que confluyen en mi mirada o la de aquellos que aparecen en las ecuaciones clínicas de los procesos con los que trabajo.

Este lenguaje redox se ha convertido para mí en una especie de “esperanto médico” que me ayuda a saber por dónde voy, sea por dónde quiera que sea que observe el proceso que me llegue, pues (de momento) sólo acompaño casos de animales de la familia o de amigos de los amigos, que son bastantes.

De momento lo hago de modo altruista y me apoyo en veterinarios que tienen sus clínicas o están especializados en diferentes campos o bien me adapto a lo que el veterinario del animal que llega propone o ha diagnosticado y, si es necesario, acompaño en el proceso diagnóstico. 

Dejo claro que la alopatía está incluida porque es de la que parto y desde la que trabajé durante una buena parte de mi vida y un idioma principal, aunque el sesgo y el conflicto de interés en la investigación y la uniformidad de los protocolos aplicados según estadísticas que no recogen sino lo notificado y dejan atrás muchos datos, sigue causándome mucho desagrado.

En mi propio proceso vital caminando hacia la sanación a través de la purificación que ofrece la enfermedad, mi mente se abrió y es desde ahí desde donde elijo mirar y actuar, desde la consciencia del libre albedrío y desde el punto de partida de la trascendencia (que es tan “dogma de fe” como el que antes tuve de no-trascendencia).

Caminando en presente continuo, abierta a cambiar de opción y a usar aquello que, según el contexto, es veneno o remedio.

El concepto de SALUTOGÉNESIS fue acuñado por el sociólogo médico Aaron Antonovsky, quien propuso un cambio de paradigma en la comprensión de la salud.

En lugar de centrarse exclusivamente en los factores que generan enfermedad (patogénesis), la salutogénesis pone el foco en los procesos que permiten a los organismos mantener, recuperar y sostener estados de coherencia funcional.

Desde esta perspectiva, la salud no es un estado binario (estamos enfermos o sanos), sino un continuo dinámico influido por factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.

Décadas más tarde, los trabajos de Robert Naviaux y colaboradores aportan una base biológica profunda a esta visión, describiendo cómo las células responden de forma adaptativa a las amenazas mediante la Respuesta de Peligro Celular (Cell Danger Response, CDR). La CDR es un programa metabólico y de señalización universal que se activa ante estímulos infecciosos, tóxicos, inflamatorios, traumáticos o de estrés sostenido. En este proceso, las mitocondrias actúan como sensores, como nodos centrales de integración, evaluando continuamente el estado energético, redox e inmunológico del entorno celular.

Desde el punto de vista de la biología redox, la CDR puede entenderse como un estado redox defensivo mantenido. La activación aguda de este estado es fisiológica y protectora. En ella se reorganiza el metabolismo, se modula la señalización inflamatoria y se prioriza la supervivencia celular. Sin embargo, cuando la señal de peligro no se resuelve, el sistema queda atrapado en una CDR crónica, caracterizada por una señalización redox alterada, una producción ineficiente de ATP (o un consumo del mismo por el mismo proceso de congelación de la CDR) y una incapacidad para transitar hacia fases de resolución y reparación.

En condiciones de salud, las moléculas de señalización redox -como las especies reactivas de oxígeno y nitrógeno en concentraciones fisiológicas- no son agentes dañinos, sino mensajeros esenciales que regulan rutas de inflamación, inmunidad, proliferación celular y reparación tisular. El problema no es su presencia, sino su desregulación temporal y espacial. Cuando el sistema pierde flexibilidad redox, estas señales dejan de ser informativas y se convierten en ruido biológico, que puede escucharse en enfermedades que afectan tanto al cuerpo como a la mente, pues son un binomio indisoluble que une y regula el cerebro, que está conectado a los órganos que componen el organismo a través de diferentes vías, siendo algunas muy destacables como: corazón-cerebro o intestino-cerebro. De hecho, la investigación actual tiende a unificarlos en un concepto más amplio conocido como el eje microbiota-intestino-corazón-cerebro, reconociendo que estos órganos están interconectados en una red bidireccional. 

La resolución de la CDR exige una señalización redox precisa y, de forma inseparable, una disponibilidad adecuada de electrones y energía metabólica. Restaurar patrones celulares desorganizados implica un alto coste energético, lo que explica por qué muchos estados crónicos cursan con fatiga, intolerancia al estrés y baja capacidad adaptativa. Se establece así un círculo vicioso donde la disfunción redox compromete la producción de ATP, y el déficit energético impide restaurar una señalización redox eficaz.

Desde esta óptica, el abordaje terapéutico no debería centrarse prioritariamente en la acumulación de suplementos o fármacos con acción antioxidante aislada, sino en restaurar la calidad de la señalización redox. Esto implica asegurar un entorno metabólico capaz de donar electrones de forma fisiológica, que estamos promoviendo a través del consumo y metabolismo de moléculas bioidénticas que participen en rutas redox naturales (NAD⁺/NADH, NADP⁺/NADPH, glutatión, coenzima Q, flavinas, tioles, etc.). La prioridad no es “apagar” señales, sino permitir que las señales ocurran correctamente y se resuelvan en el tiempo adecuado.

Este modelo celular se integra de forma coherente con los postulados de la neuropsiconeuroinmunología y la neurociencia contemporánea. El sistema nervioso, en particular a través del sistema nervioso autónomo, actúa como un modulador central del estado redox, inmunológico y metabólico.

Estados de activación simpática sostenida, estrés crónico o experiencias adversas prolongadas mantienen al organismo en una fisiología de amenaza, amplificando señales inflamatorias y redox defensivas tanto a nivel central como periférico.

En este contexto, fenómenos como el síndrome de sensibilización central pueden interpretarse como una expresión macroscópica de una CDR mantenida. Si el sistema nervioso permanece en modo de peligro incluso en ausencia de una amenaza actual, modulando dolor, fatiga, percepción corporal y respuestas inmunes, el desgaste está asegurado. Esta lectura resulta especialmente útil en patologías funcionales y síndromes crónicos, donde no se identifican lesiones estructurales claras, pero sí una alteración persistente de la dinámica del sistema.

Los postulados de la Nueva Medicina Germánica (NMG), al margen de sus controversias y sin necesidad de abordarlos desde un marco causal único, también pueden entenderse como una tentativa de describir la relación entre impacto psicoemocional, activación neurovegetativa (entendimiento de la enfermedad como bifásica en relación a los picos de Simpaticotonía o predominó simpático y Vagotonía o predominio del parasimpático) y respuestas biológicas adaptativas. Desde una mirada neurocientífica y psiconeuroinmunológica, resulta evidente que los eventos vitales significativos pueden actuar como señales de peligro capaces de modular la actividad del sistema nervioso, el eje neuroendocrino y, en última instancia, el estado redox e inmunológico del organismo. Integrar esta visión, sin reduccionismos ni negación de la complejidad biológica, está siendo crucial para mí, y suele ser clínicamente valioso para muchos pacientes.

Algunos autores, como Gerald Pollack aunque hay otros) han propuesto modelos complementarios que exploran cómo la organización del agua intracelular -en particular las llamadas zonas de exclusión (EZ water)- podría influir en la eficiencia energética y en la dinámica redox celular. Estas hipótesis sugieren que determinados estados de estructuración del agua podrían facilitar gradientes energéticos más eficientes y mejorar la coherencia funcional del sistema. No obstante, aunque estas propuestas abren líneas de investigación sugerentes, su integración clínica debe realizarse con cautela, distinguiendo claramente entre evidencia consolidada y modelos emergentes. Y ahí estamos, porque desde la Terapia Neural, estos efectos se hacen cada vez más evidentes.

Desde una perspectiva de medicina integrativa, la salud puede entenderse como la capacidad del organismo para modular señales de peligro, restaurar la señalización redox fisiológica y recuperar flexibilidad metabólica y neurovegetativa. Intervenciones orientadas a optimizar el entorno como nutrición, ritmo circadiano, reducción de tóxicos, regulación del estrés, apoyo mitocondrial y acompañamiento psicoemocional, no actúan de forma aislada, sino que convergen en un mismo objetivo. Este es el de permitir que la señal de peligro se apague y que el sistema complete los ciclos de reparación.

En este sentido, el modelo de Naviaux ofrece una base biológica sólida para la salutogénesis propuesta por Antonovsky, integrando biología redox, neurociencia y contexto vital en una visión coherente de la salud como proceso dinámico, adaptativo y profundamente relacional.

Hay muchos matices que no he desarrollado y que, dada mi baja capacidad en resumir, darían para líneas y líneas, pero es mi sentipensar que en este texto queda claro por dónde caminó casi 10 años después de comenzar este blog.

El más importante sigue siendo el vínculo humano-animal. Cómo nos afectamos unos a los otros viviendo en manada y siendo familia interespecie. Entender y tener en cuenta cómo esas influencias pueden desencadenar ciertos procesos de desajuste vital es fundamental para mejorar la calidad de vida de todos. Mi visón sobre ese aspecto no se ha visto modificada en este tiempo, sino que (con mayor intensidad y profundidad) se hace más y mas presente en la manera de entender la Medicina, abordar los procesos y sobre todo acompañarlos desde el respeto, con amor y gratitud y, cada día, con mayor admiración por el trabajo que hacen algunos -maravillosos- seres humanos para que la calidad de vida del animal al que “tutelan” (donde quiero decir AMAN) siga el principio del “Primum non nocere” que un día firmamos los profesionales de la salud y que muchas veces olvidamos en medio del ruido y la velocidad del trabajo en clínica y modelo hospitalario, de protocolos, de estadísticas que sólo recogen unos cuantos datos y uniformidad, siga siendo el ahora -de principio a fin- en sus vidas.

Este texto es una forma de volver. De volver a escribir y, sobre todo, de volver a mirarme mientras miro. No nace para cerrar etapas ni para ofrecer certezas, sino para abrir un espacio donde las preguntas puedan quedarse un rato, sin prisa. Para procesar la información, madurar y para que las acciones se completen en un lugar abierto a la consciencia.

Reabrir este blog es retomar un camino que nunca se detuvo del todo, solo quedó en silencio. Un lugar donde pensar la salud como algo vivo, cambiante, profundamente ligado a la experiencia, al cuerpo y a la historia que habitamos. Donde aprender a escuchar el ruido cuando aparece, saber qué nos dice de nosotros y de cómo nos relacionamos y nos entregamos a los demás, pero también a reconocer esos momentos -a veces sintiéndonos pequeños y tantas veces poniéndonos frente a nuestra vulnerabilidad- en los que empieza a apagarse.

Desde aquí escribir es acompañar con respeto por los tiempos de cada uno y con la certeza de que muchas veces cuidar no es hacer más, no es caer en el salvador, sino entender mejor y actuar con más amor y empatía. Y permitir que lo que está congelado encuentre, poco a poco, la forma de volver a moverse, de abrirse al entorno y tomar impulso para hacer de ese mismo movimiento una cadena de fluidez, en la misma anlagia en la que se mueven las cadenas de electrones.

Desde aquí, donde ya no me mueve sólo la razón sino un motivo espiritual e íntimo, sigamos caminando, tomando consciencia y aprendiendo, en ese camino, los unos junto a los otros 🕊


Referencias 

Aaron Antonovsky – Salutogénesis
Antonovsky, A. – Health, Stress and Coping (1979)
Springer (libro):
https://link.springer.com/book/10.1007/978-1-4899-0431-9
Vista en Google Books:
https://books.google.com/books?id=Y7yqQgAACAAJ
Antonovsky, A. – Unraveling the Mystery of Health (1987)
Springer (libro):
https://link.springer.com/book/10.1007/978-1-4899-0441-8
Google Books:
https://books.google.com/books?id=K3GQAAAAMAAJ

Robert K. Naviaux – Cell Danger Response
Naviaux, R.K. et al.

– Metabolic features of the cell danger response
Mitochondrion (2014):
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1567724914000450
Naviaux, R.K. – Mitochondrial and metabolic features of chronic disease
Mitochondrion (2023):
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1567724923000351
(PubMed):
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37001861/

Helmut Sies – Biología redox
Sies, H. – Redox signaling versus oxidative stress
Antioxidants & Redox Signaling:
https://www.liebertpub.com/doi/10.1089/ars.2018.7717
(PubMed):
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30058894/

Nathan & Cunningham-Bussel – ROS como señalización
Nathan, C., Cunningham-Bussel, A. – Beyond oxidative stress: ROS as signaling molecules
Nature Reviews Immunology:
https://www.nature.com/articles/nri2933
(PubMed):
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20118978/

Gerald Pollack – Agua y zonas de exclusión
Pollack, G. – The Fourth Phase of Water
Editorial oficial:
https://www.pollacklab.org/book
Amazon (referencia habitual):
https://www.amazon.com/Fourth-Phase-Water-Beyond-Solid/dp/096268954X
(Publicaciones del laboratorio de Pollack):
https://www.pollacklab.org/publications

Stephen Porges – Neurociencia y regulación neurovegetativa
Porges, S. – The Polyvagal Theory
Norton (libro):
https://wwnorton.com/books/The-Polyvagal-Theory/
(Página académica de Porges):
https://www.stephenporges.com




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